¿Cuándo termina el karate?

Llegamos a un dojo y nos inscribimos, el camino es incierto, solo sabes que vas a gritar y a patear y que en algún momento te darán un cinturon o cinta de algún color. Cuando se llega a una escuela de karate y se sabe poco de esta arte marcial no se espera mucho. Pero entre más conoces te das cuenta que el camino que estás recorriendo va a ser largo… largo.

Cuando eres adulto o tienes la madurez para comprender que el camino del karate no va terminar nunca, entonces practicas con esa mesura y paciencia que debe de acompañarte todos los días de tu vida. Vives y te das cuenta que todo lo que haces tiene impregnado a esa arte marcial japonesa. Ya sea que estudies, trabajes y estudies o trabajes estudiando, seas madre o padre, universitario o empleado en alguna empresa… no importa, tu karate está ahí contigo.

¿Pero que pasa cuando los niños entran a karate?

Los más pequeños disfrutan los juegos, los saltos, se retan entre sí. Los que ya están cerca de la adolescencia se enfrentan en competencias y disfrutan los combates, las carreras, el desarrollo de sus destrezas. Pero cuando hay un obstáculo ¿que sucede?. Es cuando los padres, las madres, las abuelas y abuelos que llevan a sus hijos o nietos a clases deben de convertirse en la conciencia del karateca. Cuando el niño se frustra y no puede continuar el apoyo de los padres es elemental. Pues la madurez de los niños no va a llegar en un instante (aunque hay casos en que ocurre), por ello los cintas negras infantiles son cuestionados, un cinta negra menor de edad probablemente tiene una estructura muy fuerte detrás que lo sostuvo para continuar. Pero no quiere decir que sepa y valore el grado que poseé. Debido a su edad.

El cerebro humano se desarrolla a lo largo de los años, dentro de él existen áreas que en conjunto se hacen cargo de las emociones y un gran número de aspectos de la persona. El cerebro humano no se encuentra cien por ciento desarrollado en la adolescencia y mucho menos en la infancia. Por ello tanto los bebés, como los niños y adolescentes necesitan del soporte de su familia, para orientarles y ayudarles en la toma de decisiones y en ese proceso de maduración.

Un cinta negra es un cinta blanca que no se rindió… agregaría, en el caso de los cintas negras jóvenes, que es un cinta blanca con el apoyo y orientación de sus maestros y familia.  Por supuesto que si un pequeño ingresa a karate y no le gusta por qué sencillamente no es para él, puede irse a buscar nuevos caminos que le den forma a su vida, quizá le agrade más el tae kwon do, el aikido o la natación. Pero como padres debemos de darnos cuenta del por qué nuestra hija o hijo ya no desea ir a karate. Pudiera ser que se cansa demasiado, que no duerme bien o no está bien alimentado para soportar una clase, quizá no quiere ir por qué siempre pierde. Este tipo de razones no son válidas para abandonar la práctica, pueden solucionarse cambiando rutinas, hábitos y buscando que el niño o niña saque provecho  para su formación humana.

Las razones adecuadas para dejar cualquier actividad debieran de incluir que dicha práctica está dañanado la integridad del niño o niña que en lugar de ayudar está perjudicando su vida, pero para encontrar esas razones debemos de conocer bien a nuestros hijos, actuar con conciencia y precisión al respecto.

Así que el karate, de hecho,  no termina nunca. Sí termina, no es karate.

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